Las historias que yo viví

 

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Lo cotidiano elevado a rango de suceso insólito, el claustrofóbico mundo femenino se libera sublimado por las sutilezas de la poesía, el etéreo encuentra su materialización en algún austero cuarto, en escaleras, corredores y enigmáticas azoteas con fantasmales ropas prendidas en tendederos.

Lo lúdico escapa hacia las constelaciones de lo inmaterial, donde navegan barcas, y vuelan naves interplanetarias piloteadas por el desamor y las nostalgias.

Soledades que todos habitamos en nuestro propio limbo, atrapados ahí, justo en medio del paraíso y el infierno. (Naranjo)