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¿Un millón de gusanos?

¿Qué es lo primero que llega a mi cabeza, cuando leo “un millón de gusanos”?

Te diré qué es lo primero que llega: llega a mi cabeza la imagen junto con la canción de Comfortably numb de Pink Floyd, aquella donde el adulto Pink se muestra desahuciado en su propia vida miserable, donde lo único que puede salir bien es que aquellos “gusanos” se coman toda su resistencia para tener un gran cambio, toda esa materia fétida putrefacta que su mente le proporciona. Aquella en la que me veo reflejada. 

 

Justo así imagino lo que me rodea, a mi familia, a mis amigos, a mi pareja, todos sus actos que de igual modo han contribuido para bien o para mal para formar mi grado de necrosis, y ya viéndolo así, yo misma aun agregando más y más moscas para fomentar la vida gusanoide en mí, para que de igual modo quizá esos bichos voladores a los que tanto odio les tengo, me ayuden un poco a limpiar de toda esta materia muerta que queda por debajo de este verdadero desmadre. Al fin quizá salga yo rosada, vulnerable y coleando para ser.


Esas notas que relajantes pasan rodeando cada vello que se dispone a levantarse, camino mismo de todas las larvas que ávidas se adentran entre las carnes perfectas, se mueven y masajean con pequeños pasos y dulces besos.


¿Y yo?, yo cierro los ojos para pretender que no veo, no estoy preparada para un cambio, mi inconsciente teme por el cambio y no puede ver lo que me está sucediendo. Cierro los ojos.

¿Y mi familia?, mi familia no concibe mi estado, más bien no sabe de él porque nunca ha sabido que sucede conmigo, siempre me han visto ser la negra mariposa que gusta de alimentarse de todas las flores, no saben que soy una impostora y que sigo siendo gusano aún.

¿Y mis amigos?, ¡Ja!, ellos me saben voladora de mil colores.

¿Y mi pareja?, él se está llevando la chinga de quitarme las alas de mariposa que decidí vestir para evitar cuestionamientos miles. Él se da cuenta que apenas soy capullo, agujerado por el millón de gusanos que me limpian.

Y ese millón de gusanos que a diario se multiplican, andan por ahí sin saber que lo son. Al igual que todos los millones de gusanos ciudadanos que ensucian y limpian a otros sin cuenta darse, forman parte de otras colonias. Colonias de personas que como yo, buscan reconocerse a través de otros para darse cuenta de quienes son, de quienes somos y de cómo somos.

Somos ese millón de gusanos.

Así mientras The Wall sigue sonando.

Al terminar me sentiré rosada, vulnerable y coleando para ser…

Carola Navarrete

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