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Tan húmedo, tan adentro, abriendo y mutilando

Tan húmedo, tan adentro, abriendo y mutilando. No negaré que esto que hoy son millones de gusanos, rasgando y tragando mis intestinos, eran lo que unos y otros llaman mariposas.  Me preguntó ¿Sientes mariposas? respondí no.

Mariposas

Sentir mariposas en el estómago, siempre ha sido un capricho. Cada una de las mujeres que he tenido, las que me regalan su aliento; su último aliento, sienten eso que tanto anhelo, sienten ese vivo cosquilleo, que al parecer; para mí, siempre será muerto. Las observo por la ventana y empiezan a volar ¡No! no con cualquiera vuelan, tiene que ser la indicada. Ellas deben manifestar que ya vuelan en sus vientres. Observo ese brillo, sus sonrisas, el caminar bailante, parecen felices, sus rostros blancos y blandos me inspiran a morderlos, como un pastel ¡Sí! así a grandes mordidas… ¡Grandes pedazos!     

Había una chica, la vi, no sabía nada de mí; para ella solo era una sombra en la ventana, que cada vez que volteaba se escondía, pero le hablé y la traje a casa, así conocería las mariposas. Lo planee todo, le preparé un pequeño pastel; tenía el convencimiento incluido, lo acepto, fue amable.       Soló acepte mi muerte, y alimenté su obsesión, haciéndome víctima.

¡Lo mordió! en poco tiempo todo quedo en silencio, sus labios cada vez más ligeros, aquellas pestañas tan largas  y deprimidas empezaban a unirse. Casi dormida le susurré

¿Aceptabas darme lo que guardas en tu vientre? Con labios enredados y casi sin entender, respondió sí.  Mi corazón y el pecho vibraban al ver su cuerpo entre mis brazos, entré a casa y la recosté, la rodee de flores, le puse el vestido más lindo que encontré; aún tenía la esencia de la otra joven, ella ya no habla, sólo le salieron gusanos. Pero no importa, verá los colores de las mariposas, entonces lo olvidará.  Esperé que despertara, y le pregunté -¿Ya sientes mariposas?- ella apenas y separaba sus parpados, pregunté de nuevo -¿Ya sientes mariposas?-, traté de explicarle lo emocionado que estaba por ver esas mariposas que saldrían de su vientre. Me puso muy triste que sus ojos lloraran, pero volví a preguntar -¿Ya sientes mariposas?- respondió con  la mirada fija hacia mis manos -¡No!- a lo cual respondí  -¡Tú no lo comprendes! porque tú has sentido las mariposas que yo jamás sentiré, ¡¡claro que las sientes!! Te lo voy a demostrar- tomé uno de los objetos cercanos; con el suficiente filo, abrí sus vientre, metí mis manos, buscando esas mariposas, y solo encontré lo mismo que todas las demás… ¡Sus malditos intestinos!   Han pasado 17 días, no he querido verlas, sé que sólo veré un millón de gusanos.

Paola del C. López de la Cruz

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