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¿Qué pienso cuando escucho 1 000 000 de gusanos?

Es imposible, pienso en un principio, son demasiados gusanos. Luego viene a mi mente una masa enorme de cuerpos alargados, delgaditos y rojizos, como una  madeja del espagueti de mi mamá, una madeja viva, que repta, se retuerce, que caga, que come, que termina devorándote.

A Laurita la conocí en la universidad, ella entrando, yo saliendo. Era guapa, cabello negro, piel blanca, ojos amarillos de gato y las nalgas más hermosas que he tocado en toda mi vida, esculpidas en años y años de salones de gimnasia. 18 años cumplidos y al principio, todo fue como un sueño. Pero, como siempre, hubo un defecto. Ella buscaba un príncipe, con espada, corcel y corona. Yo solo tenía coronas, victorias, indios y tecates. Por eso no funcionó. Después de plantarla por quinta o sexta vez, fuimos al cine, y ya de regreso, armándome de valor, le dije que no volvería a buscarla. –Ya lo sabía-, me dijo. Se bajó del auto, se metió a su casa, y así nomás, salió de mi vida.

 

Pasaron tres años. Salí con chicas, me enamore de la novia de un amigo. Nos descubrieron. Me rompieron el corazón, la nariz y tres dientes frontales. Tenía un buen empleo, por primera vez el dinero no era problema, sino solución. Un miércoles cualquiera (si, pinches miércoles) llegue a ver a un cliente y de frente en recepción me encuentro con ella. Laurita, no, Laura. Traje sastre y tacones. Buen cambio. Una comida que se prolongó hasta las once y el obligado aventón hasta Texcoco terminaron por acercarnos. Cuando pasamos junto al foro sol me comentó: -Mañana toca Placebo, pero ya no hay boletos-. Lo primero que hice llegando a casa fue despertar al Rana para mandarlo por dos boletos, hasta adelante y no importa lo que cuesten. ¡Qué jueves más ajetreado!, pero a las tres ya estaba recogiéndola para ir a Texcoco por el permiso paterno y  cambiar los tacones por unos Converse viejos. Entramos al foro, echamos tres cervezas, y justo a las ocho, me dio un besito de prisa, mientras me decía: -No me tardo, tengo que ir al baño-.

¿En que estábamos? Ah, sí, los pinches gusanos. ¿Alguna vez has sentido miedo, angustia, coraje, frustración, celos, alivio, borrachera, nausea y ganas de llorar al mismo tiempo?. Te juro que se sienten gusanos. Neta, bolas y bolas de gusanos moviéndose, jalando, mordiendo y sacando lo peor de ti. Todos dentro de tu panza. No sé cuánto tiempo estuve parado junto al poste de las luces. Ahí quedamos de vernos si nos separábamos. Cuando estaba el encore de la banda supe que no volvería. Los vasos desechables en mi mano ayudaban a que me valiera un poco madres. El güey de seguridad tuvo que darme la mano para poder desalojarme. Caminando sobre la pista, le pregunté a un granadero si había un módulo de personas extraviadas. Con una sonrisita socarrona me dijo: -No mames, güero, mejor vete por unos tacos-.

Adolfo Miranda

México,Tenochtitlán. Septiembre de 2015

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