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Que en vez de infierno encuentres gloria

El Barrio es un monstruo: te machuca, te educa, te empuja, te arrastra, te levanta, te tira en el suelo y te pisotea. El Barrio te hace un hombre o un traste. Y uno no tiene más remedio que dejar que El Barrio haga su trabajo. En El Barrio todo el mundo sabe todo sobre los demás. Y hasta lo que no se puede saber se sabe, pero no se dice.

En El Barrio no hay una noche que se pueda dormir tranquilo. Es un monstruo que te tiene atrapado. Un monstruo que amas y no estás dispuesto a abandonar. Porque te has acostumbra- do a él. Porque todo eso es normal en El Barrio. Pero si una madrugada todo ha estado tranquilo porque no es fin de semana, no hay ron en los bares y para colmo hace un frío que pela, y sientes que llaman a la puerta, con un toque duro, nervioso e insistente, entonces puedes estar seguro de que algo grave ha pasado.

Y eso es lo que le sucede a Leo Martín, un joven policía que acaba de ser ascendido a Jefe de Sector en el mismo lu- gar en que nació y creció junto con marginales, borrachines, prostitutas, traficantes y humildes trabajadores. Todos in- mersos en un bajo mundo donde circulan ron de fabricación casera, carne del mercado negro y estupefacientes. Un Ba- rrio que –como él mismo dice– “le ronca los cojones vivir”.

 

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